sábado, 30 de noviembre de 2013

De Ghana a Togo


P. pertenece al cuerpo diplomático del Vaticano. Me cuenta que a principios de los años 70 estuvo destinado como nuncio en Ghana. Por aquella época su hermano fue a visitarlo unas semanas, durante las cuales decidieron cruzar juntos a Togo, país vecino. Al llegar a la frontera con el coche, toparon con una desvencijada garita de madera, ocupada por un par de guardias con uniforme militar, y una barrera metálica para detener el paso a los vehículos. P. y su hermano entregaron la documentación, y los funcionarios estuvieron durante más de una hora rellenando pausadamente formularios, copiando con celo letra por letra todo el contenido de sus pasaportes. A lo largo de todo ese tiempo, contemplaron asombrados como la frontera era cruzada con total naturalidad por docenas de personas, sin hacer ningún alto en la garita ni reparar en los guardias, como si aquel puesto fronterizo no existiera. Extrañados y cansados de esperar, preguntaron a uno de los guardias:

-"Perdone, -inquirió P. algo irritado- ¿Y toda esta gente que está cruzando...?"

-"¿Esos? -contestó el funcionario señalándolos- Esa gente es que no tiene pasaportes".

No hay comentarios:

Publicar un comentario